Ramón Sampedro ha contado que no es digna la vida que había estado viviendo. Cuándo luches para obtener lo que pienses un derecho fundamental, haya que llevarte apasionado. Por el capítulo que empezca Cartas desde el infierno, vemos pasión. Hay unos párrafos en los que Sampedro deletrea sus memorias de la vida anterior, antes del accidente, y estaba yo aquí pensando.. de hecho, tuvo él una muerte instantánea. Repasaba sus memorias, las de que jamás podrá experencer más, aparte de al dentro de su mente. Por éso es tortura. Creo que si a agentes del FBI o espías les damos pastillas de cianuro para escapar la tortura (bueno, además proteger informática nacional), se debe que pueda escoger morirse tambíen. Quisiera yo leer más de las Cartas.
Sin dudo, creo que me diera solamente razónes más se acordarme.